Abrimos un Año Nuevo en la fe con la celebración de los misterios, tan dignamente representados por nuestras 18 Hermandades de Semana Santa.

Abrir también el corazón es esencial para que entre el Señor. Nuestra conversión cuaresmal no es un quehacer inútil. ¿Podré cambiar este año? ¿Podré conseguir ser mejor cristiano? Esto no es cuestión de "suerte", sino de acercarse a la fuente de nuestra renovación.

El programa de Semana Santa nos pone delante la fuente y los medios para la sal- vación; nos muestra el esfuerzo por presentar y vivir dignamente lo que Dios ha he- cho por nosotros. El Programa que tenemos en nuestras manos es una invitación a participar más que una muestra de lo que hemos hecho a lo largo de un año. Porque la meta de las Hermandades es mucho más que ser buenos amigos y llevarnos muy bien entre nosotros. Mucho más que el noble deseo que todo salga bien.

La meta verdadera es evangelizar a través de los cuadros plásticos; es poner delante de los fieles que se acercan a "ver qué pasa" el misterio maravilloso de la fe cristiana: Un Dios que se acerca al hombre par sufrir por él, con él y darle esperanza en el paso por esta vida. Es también una invitación "venid a Mí", a Jesús y a "aprended de mí". Esta invitación a reproducir en nuestras vidas lo que el Señor practicó y vivió: Desde ese deseo de imitar a Jesús y seguirle es posible implicarse en la tarea de la propia conversión hacia Jesús.

Las parroquias y lugares de culto donde se celebra la fe estos días han de ser lugares de silencio y respeto; de oración y de esperanza. La comunidad cristiana que se reúne tiene como meta transformar al hombre desde la celebración de los misterios de Dios.

Preparémonos adecuadamente: acudamos a las celebraciones penitenciales; descar- guemos en el Señor el peso de nuestra vida para volver a ella renovados. La vida no es lo que ha de cambiar, ni las circunstancias en las que cada uno tenemos que bre- gar. Lo que cambia en la celebración es la persona que ha de vivir siempre dispuesto a entrar en las cosas con un corazón nuevo; a establecer nuevas relaciones; a superar los conflictos; a pedir un corazón libre de egoísmos.

Así lo vivieron los apóstoles después de Pascua, cuando cansados de bregar toda la noche en el lago, solo obtienen pesca abundante cuando obedecen la Palabra del Señor. Después de la cruz y muerte del Señor, volvieron todos a la vida ordinaria, a la vida anterior. Parecía que no comprendían lo ocurrido. Pero cuando todo parecía acabado, Jesús se les presenta resucitado. La red estaba vacía de peces. Un fracaso tras otro, todo parecía sin sentido, cansados de bregar, pero con Jesús, de nuevo se llenan las redes.

Es un buen programa para esta Semana Santa: atrevernos a creer con renovado vigor. Si nos confiamos a la Palabra del Señor, nuestras vidas encontrarán sentido para todos los esfuerzos que hemos de hacer.

Tenemos muchas buenas experiencias en nuestra vida, tenemos buenos deseos, pero solo la confiada adhesión a la Palabra de Dios y la acogida de la gracia de Dios hará fecundos todos los esfuerzos por mejorar la vida y en consecuencia las accio- nes de las Cofradías en Semana Santa y Pascua.

Acercaos a este programa con el deseo sincero de vivir junto al Señor estos días ayudados por la fraternidad de las Hermandades, por el calor de sentir cerca los hermanos, de seguir intentando que los fracasos no pesen más que el poder del Señor que se nos da.

Desde esta nueva oportunidad para crecer en la fe y el amor, ¡Feliz Pascua de Resu- rrección a todos y cada uno!

 

Juan José Llorens Llorens

Párroco de La Asunción

Consiliario JCHHSS