Jesús sabe que se acerca su “hora” y como Hombre siente miedo y se aclama al Padre. Se entrega voluntariamente a la muerte de cruz, para salvarnos de nues- tros pecados y abrirnos la puerta del Pa- raíso. Somos tú y yo, los que lo hemos puesto en este trance; el Hijo de Dios ultrajado, torturado y crucificado, para pagar el rescate por nuestras culpas. ¿Tanto valemos? Sí. El Padre nos ama hasta el ex- tremo, envía a su Hijo primogénito, le carga con el pecado del mundo y por nuestra salvación, muere en la Cruz perdonando a sus verdugos.

 

Lucas en el capítulo veintiuno del Evangelio, nos cuenta cómo Jesús les advirtió de las persecuciones de las que serían objeto, por causa de su Nombre. “Esto os servirá de ocasión para dar testimonio, no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré boca y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir, ningún adversario vuestro” (Lc, 21, 12-29).

 

Hoy la Iglesia está perseguida y muchos hermanos nuestros están siendo perseguidos, martirizados y asesinados, por el hecho de ser cristianos. Igual que Cristo murió perdonando lo están haciendo ellos. El Espíritu Santo les da fortaleza y mueren cantando alabanzas y gloria a Dios.

 

Es una gran catequesis nuestra Semana Santa; nosotros, todas las Hermandades de Torrent, las que nos convertimos en misioneras, dando testimonio de nuestra fe en el lugar que a cada uno el Señor le ha reservado, hemos sido llamadas. No tengamos miedo de confesar nuestra fe ante nadie, el Señor pondrá palabras en nuestra boca. Nuestra Hermandad, por estar dedicada a la Oración del Señor en  el Huerto, recuerda a todos la inmensa necesidad de orar, la confesión frecuente, la Eucaristía, después la oración, personal y comunitaria, el rezo del Santo  Rosario; el sonido de los tambores y cornetas anuncian a todos los hombres la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Hermanos: pidamos al Señor la gracia de crecer en la fe, para que nos ayude a depositar nuestro amor en Cristo, en el angustioso trance de “Getsemaní” y en los hombres que no conocen a Dios, con nuestro modo de vivir, practicando los Sacramentos con asiduidad, sobre todo la Confesión y la Eucaristía, centro de la vida del cristiano. Solos no podemos, pero Jesús está siem- pre con nosotros, presente bajo las especies de Pan y Vino en el Sagrario, allí nos espera para que le contemos todo lo que nos preocupa y para que sepamos escucharle, la oración es eso, hablar con Dios, Él nos escucha y nos ama.