Un Viernes Santo de hace ahora 75 años un grupo de jóvenes torrentinos, sabedores de que la Cruz no es el final, que tras el dolor del Viernes Santo llega el gozo del Domingo de Gloria, que no hay Pascua sin Resurrección, decidieron  fundar la hermandad, que  por  aquel  entonces  se llamó, de Cristo Resucitado. De esta forma, y como es tradición en otros muchos lugares de España, a las hermanda- des llamadas “de Pasión” se les uniría una hermandad “de Gloria”, con la misión de anunciar a nuestros ciudadanos “Cristo  ha Resucitado”. De entre este grupo de jóvenes fue elegido primer presidente D. José Besó Martí.

Era tanta la ilusión de este grupo de jóvenes por participar en las celebraciones de la Semana Santa de 1.944 que decidieron disparar el Sábado de Gloria una gran traca en la Plaza de la Iglesia, que llegó hasta lo alto del campanario, como anuncio jubiloso de la Resurrección. Este fue el primer acto público de nuestra her- mandad.

Los primeros años no fueron fáciles. Muchos no entendían que una hermandad llamada “Cristo Resucitado” desfilase en la Procesión del Santo Entierro junto con el resto de las hermandades y pensaban que solo debía desfilar el Domingo de Gloria. Es entonces cuando la junta decide que la hermandad pase a su denominación actual, “Hermandad de la Vera Cruz y Cristo Resucitado”, aprueban la confección de un nuevo paso e inician las gestiones para que algún miembro del estamento eclesiástico les proporciones un “lignum crucis”.

Desde ese momento, los hermanos de la Vera Cruz y Cristo Resucitado, como anuncio del kerigma, veneramos cada Viernes Santo la Cruz, la Verdadera Cruz que sostuvo el cuerpo de Cristo, el instru- mento de su muerte en un gesto infinito de Amor. Y lo hacemos con la melodía del himno “¡Oh, Cruz fiel!”, en el que repetimos el verso “… Dulce árbol donde la vida empieza…”. Y tras las celebraciones de Viernes Santo, sabedores de que la muer- te no es el final, nos disponemos a acompañar cada Domingo de Gloria la imagen de Cristo Resucitado por las calles de Torrent, anunciando “¡Aleluya!¡Cristo ha Resucitado!” para devolver la esperanza a todos aquellos que hoy sufren.

75 años de historia dan para mucho: momentos de esplendor, momentos difíciles, infinidad de anécdotas y, sobre todo, una gran muestra de entrega desinteresada y de servicio. Por ello, no quiero terminar estas palabras sin dar las gracias por la vida de tantas personas que a lo largo de estos 75 años han hecho posible que nuestra hermandad siga procesionando por las calles de nuestra ciudad, contribuyendo a dar esplendor a nuestras celebraciones de Semana Santa. Gracias por nuestros fundadores, que entendieron que no hay celebración de Pascua sin celebrar la Resurrección. Gracias a todos los que han sido y son miembros de nuestra hermandad, ya que sin ellos no sería posible llevar adelante este proyecto. Gracias a todos los que me precedieron como presidentes y a sus juntas por dirigir y cuidar nuestra hermandad.